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Poema: - 1 - (El Regreso) de Heinrich Heine

El regreso

(1823-1824)

Fulguró en mi vida obscura
imagen de excelsa prez;
pero huyó esa imagen pura,
y a ciegas voy otra vez.

El niño, cuando camina,
por tenebroso lugar,
el terror que le domina
vence a fuerza de cantar,

Niño soy, que a obscuras canto;
poco vale mi canción;
pero nada alivia tanto
mi doliente corazón.

Poema: - 2 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Estoy triste, muy triste, sin que entienda
la razón ni el por qué:
fija tengo en la mente una leyenda
que en la infancia escuché.

Era frío el crepúsculo; rodaba
tranquilo el Rhin; el sol
las cúspides remotas alumbraba
con su último arrebol.

Allá, en la cima, en trono diamantino,
en fúlgido sitial,
peinaba sus cabellos de oro fino
doncella celestial,

Peinábalos con peine también de oro,
cantando una canción,
cuyo eco singular, triste y sonoro,
turbaba el corazón.

Surcó un barquero la corriente undosa;
oyó el dulce cantar:
y contemplando a la doncella hermosa,
fue en el escollo a dar.

Tragó el río la barca y el barquero:
y esa tirana ley
sufre siempre quien oye el lisonjero
cantar de Loreley.

Poema: - 3 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Mi corazón está triste;
Abril alegre y florido:
al pie de los viejos muros,
sobre un tronco me reclino.
Encerrado en cauce estrecho,
corre silencioso el río;
pasa, en ligera barquilla,
cantando y silbando un niño.
A lo lejos se dibujan
en risueño laberinto,
quintas, huertos, labradores,
vacas, prados, selvas, riscos.
Lavan las mozas y tienden
en la hierba el blanco lino;
suena el batán, y las aguas
trueca en espumosos rizos.
Hay una estrecha garita
sobre el torreón sombrío;
va y viene el fiel centinela,
todo de rojo vestido.
Con el fusil, que al sol brilla,
haciendo está el ejercicio:
¡apunta bien, centinela,
y descerrájame un tiro!

Poema: - 4 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Voy por la selva, y lloro sin sentirlo:
¡Y así pasan las horas!
Salta de rama en rama el negro mirlo:
y dice: «¿Por qué lloras?

-La golondrina azul, tu tierna hermana,
decírtelo pudiera,
pues tiene puesto el nido en la ventana
de mi niña hechicera».

Poema: - 5 - (El Regreso) de Heinrich Heine

La noche está borrascosa;
no hay en el cielo una estrella;
todos los árboles silban
cuando cruzo por la selva.
Una luz en la cabaña
del cazador centellea;
pero no llama a los ojos
su claridad macilenta.
Sentada en sillón de cuero
está la abuelita ciega,
inmóvil y silenciosa,
como una imagen de piedra.
El hijo del guardabosque
viene y va con planta inquieta;
cuelga el arcabuz al muro,
y una carcajada suelta.
Baña el lino con sus lágrimas
la bellísima hilandera;
gruñe el mastín de su padre,
gruñe y a sus pies se acuesta.

Poema: - 6 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Si encuentro en mis excursiones
la familia de mi amada,
padre, madre y hermanitas
me reconocen y abrazan.
Me saludan, me interrogan,
y todos a un tiempo charlan;
dícenme que estoy lo mismo,
aunque más flaco de cara.
Pregunto a mi vez por tías,
por sobrinas y cuñadas,
y hasta por aquel cachorro
que tan juguetón ladraba.
Pregunto también por ella,
con otro -¡ay cielos!- casada,
y me dicen, muy gozosos,
que recién parida se halla.
Les doy mil enhorabuenas
con la sonrisa más grata,
y les digo balbuceando
que me pongan a sus plantas.
La hermanita, de repente,
dice: «Al perro le entró rabia,
y lo llevaron al río,
y lo arrojaron al agua».
La pequeña cuando ríe
es retrato de su hermana,
y tiene los mismos ojos
causantes de mis desgracias.

Poema: - 7 - (El Regreso) de Heinrich Heine

En la choza del barquero,
contemplábamos el mar;
las neblinas de la tarde
llenábanlo todo ya.
Encendió el próximo faro
su antorcha providencial;
allá a lo lejos, muy lejos,
un buque vimos pasar.
Hablábamos del marino
y de su incesante afán,
siempre en continua borrasca,
siempre en incierta ansiedad.
De lueñas tierras, del Polo
Austral y del Boreal;
de pueblos de extraña raza
y de vida singular.
En el Ganges todo ríe;
selvas perfumadas hay,
y adora la flor del loto,
gente dichosa y jovial.
En Laponia, grey escuálida
de ancha boca y sucia faz,
cuece arenques, y temblando
se acurruca en pobre hogar.
Escuchaban las doncellas;
nadie dijo nada más;
y la nave que pasaba
se perdió en la obscuridad.

Poema: - 8 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Graciosa pescadorcilla,
tu barca, de audaces remos,
atraca a esta mansa orilla,
y mano a mano hablaremos
sin temor y sin mancilla.

En mi pecho reclinar
bien puedes tú la cabeza:
¿no fías, sin vacilar,
en la bonanza o fiereza
del alborotado mar?

Mi corazón, dulce bien,
es un mar inmenso y hondo,
tiene su eterno vaivén,
sus escollos, y también
blancas perlas en el fondo.

Poema: - 9 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Arde la luna, lámpara bendita,
y al mar da su fulgor;
abrazo a mi adorada, y fiel palpita
en nuestro pecho amor.

Solo estoy, en los brazos de mi hermosa:
-«¿Qué es lo que escuchas, di,
en la voz de los vientos misteriosa?
¿Por qué tiemblas así?

-No es el viento, es la voz de mis hermanas,
hoy vírgenes del mar,
que en cavernas profundas y lejanas
suspiran, sin cesar».

Poema: - 10 - (El Regreso) de Heinrich Heine

La luna, colosal manzana de oro,
rasga el nublado en la celeste cumbre
y derrama en el piélago sonoro su
brilladora lumbre.

Por la extendida playa, do refrenan
su furor las corrientes, voy a solas,
y oigo las voces que incesantes suenan
en las revueltas olas.

Con grave lentitud la noche avanza
y el pecho estalla con pujante brío:
venid, ondinas, y en alegre danza
girad en torno mío.

Reciban vuestros brazos palpitantes
mi frente moribunda y dolorida;
y halle yo en vuestros ósculos amantes
raudal de eterna vida.

Poema: - 11 - (El Regreso) de Heinrich Heine

¡Cuánta nube! En sus mullidos
pliegues duermen las deidades;
y en los orbes conmovidos,
al compás de sus ronquidos,
estallan las tempestades.

El huracán turbulento
estrella al frágil bajel:
¿quién el ímpetu violento
podrá detener del viento
y del loco mar infiel?

Pues nadie puede enfrenar
de los vientos y del mar
las furiosas tempestades,
me echo a dormir y a roncar,
lo mismo que las deidades.

Poema: - 12 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Suena el huracán la trompa;
corren sobre el mar sus ráfagas;
y al son de los latigazos
rugen las olas y saltan.
Abre el firmamento lóbrego
sus inmensas cataratas:
el Océano y la Noche
riñen su mayor batalla.
Detiénese una gaviota
en el palo de mesana:
las plumas bate y da un grito
que mil desastres presagia.

Poema: - 13 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Crece la borrasca: brilla
el lampo en la obscuridad;
brama el viento, ruge y chilla.
¡Cómo danza la barquilla!
¡Qué noche! ¡Qué tempestad!
La mar a cada momento,
forma un monte turbulento;
húndese luego a mis pies,
y hasta el alto firmamento
encabrítase después.
En la bodega sombría
suenan el rezo apocado
o la maldición bravía;
y al mástil bien agarrado
sueño en ti, ¡casita mía!

Poema: - 14 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Anochece; las pálidas neblinas
cubren el vasto piélago; siniestras
gimen las ondas y visión gallarda
miro surgir entre ellas.

El hada es de los mares, que a la orilla
viene, y callada junto a mí se sienta,
dejando ver su seno alabastrino
la túnica entreabierta.

Los brazos abre, y me los echa al cuello
con tal empuje, que respiro apenas:
-«Muy fuertes son, exclamo, tus abrazos,
bellísima Sirena!

-Si mis brazos te oprimen tan ansiosos,
si a mi seno te estrecho con tal fuerza,
es porque sopla congelado el cierzo
y el frío me penetra».

Entre las nubes lóbregas asoma
la luna, siempre triste y macilenta:
-«¡Tus ojos se humedecen y se enturbian,
bellísima Sirena!»

-«No se enturbian mis ojos ni humedecen:
salgo del mar que protector me alberga;
de sus olas amargas una gota
en mis pupilas queda».

Lanza un grito agorero la gaviota;
bate el mar espumoso la ribera:
-«¡Cuál tu agitado corazón palpita,
bellísima Sirena!

-¡Si así palpita mi azorado pecho,
si salta el corazón y arden mis venas,
es, gallardo mortal, porque te adoro
con ansiedad frenética!»

Poema: - 15 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Paso por tu casa y miro,
cuando brilla la mañana:
¡cuán dulcemente suspiro
niña hermosa, si te admiro
asomada a la ventana!

En mí clavas complacientes
los ojos, negros y ardientes,
y que preguntas infiero:
-«¿Quién eres? ¿Qué es lo que sientes,
melancólico extranjero?»

-«¿Quién soy?... Un vate alemán;
y allí me conocen bien:
si citan con noble afán
nombres que gloria les dan,
citan el mío también.

«¿Qué siento?... Lo que yo siento
lo sienten muchos allí;
cuando citan un portento
de infortunio y sufrimiento,
también me citan a mí».

Poema: - 16 - (El Regreso) de Heinrich Heine

El mar brillaba con la luz extraña
que da el ocaso a las dormidas olas:
los dos, del pescador en la cabaña,
silenciosos estábamos y a solas.

Remontábase lenta nube obscura;
audaz tendía la gaviota el vuelo;
y una lágrima hermosa, tibia y pura,
bañó tus ojos y nubló su cielo.

Miré, ansioso, rodar por tu mejilla
y caer en tu mano aquella perla;
y doblé conmovido la rodilla,
y con ardiente labio fui a beberla.

Desde entonces la frente doblo triste,
y sufre el corazón rudo quebranto:
mira, desventurada, lo que hiciste;
envenenóme el corazón tu llanto.

Poema: - 17 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Hay en las cumbres aquellas
un castillo encantador,
y en el castillo tres bellas:
me han probado todas ellas,
me han probado bien su amor.

Gocé el lunes los abrazos
de Amalia; en los mismos lazos
me estrechó el martes María,
y el miércoles Rosalía
me descoyuntó en sus brazos.

El jueves, gran recepción
tuvieron: ¡soberbia noche!
¡Qué lujo! ¡Qué ostentación!
Iba en larga procesión
gente a caballo y en coche.

No me invitaron; y a fe
que el ardid inútil fue:
mi ausencia se hizo notar,
y hubo la que yo me sé
de reír y murmurar.

Poema: - 18 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Cual nube confusa y vaga,
la ciudad se ve a lo lejos
entre sombras y reflejos
de la tarde que se apaga.

Riza el agua el viento leve;
mi barquero, acompasados
alza los remos pesados
y la negra lancha mueve.

Y el sol su postrer fulgor
aún lanza para alumbrar
el malhadado lugar
que fue tumba de mi amor.

Poema: - 19 - (El Regreso) de Heinrich Heine

¡Bien hayas, oh bulliciosa
inexcrutable ciudad!
Entre la turba afanosa
guardaste un día a la hermosa
que era mi felicidad.

Torres y puertas, ¿qué fue
de la bella a quien adoro?
En prenda os la confié,
y cuentas os pediré,
de mi perdido tesoro.

Mas, no sois culpables, no,
viejas torres, de sus tretas;
pues hubisteis de estar quietas
cuando la loquilla huyó
con sus cofres y maletas.

Tú, que la debiste ver,
negro portal, ¿qué me dices?
Que nunca sabes qué hacer
cuando nos da una mujer
con la puerta en las narices.

Poema: - 20 - (El Regreso) de Heinrich Heine

Sigo la antigua senda acostumbrada
la calle que solía;
y me llevan los pies a su morada,
hoy lóbrega y vacía.

¡Cuán angosta es la calle! El pavimento
¡cuán escabroso y duro!
-Las paredes caer sobre mí siento,
y la marcha apresuro.