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Julio Flórez - "Huyeron las golondrinas"

Huyeron las golondrinas
de tus alegres balcones,
ya en la selva no hay canciones
sino lluvias y neblinas.

Sólo en mi senda hay espinas
desde que a ignotas regiones
huyeron las golondrinas
de tus alegres balcones.

¡Insondables aflicciones
se posan en las ruinas
de mis ya muertas pasiones!
¡Ay! . . . que con las golondrinas
huyeron mis ilusiones.

Julio Flórez - Como el mar...

luz del alma
Llevas lumbre purísima en el alma
y yo, sombra insondable de lo incierto;
tú de los lagos la apacible calma
yo, la calma espantosa del Mar Muerto.

Por eso, niña, cuando canto a solas
en esas noches del invierno largas,
mis rimas son como las turbias olas
de ese mar: melancólicas y amargas.

Julio Flórez - Madrigal

sol de ocaso
¿Me quieres?. . ¡Qué tu acento me lo diga
ante aquel sol que muere en el ocaso!
Tú que mitigas mi pesar. . . ¡mitiga
esta fiebre voraz en que me abraso!

Tembló tu labio y balbució: ¡Lo juro!

Sus tachonadas puertas entreabría
la muda noche en la extensión vacía;
y en mi espíritu lóbrego y oscuro. . .
en aquel mismo instante amanecía.

Julio Flórez -¿En qué piensas?

mujer en ventana con lluvia
Dime: cuando en la noche taciturna
la frente escondes en tu mano blanca,
y oyes la triste voz de la nocturna
brisa que el polen de la flor arranca;

Cuando se fijan tus brillantes ojos
en la plomiza clámide del cielo,
y mustia asoma entre tus labios rojos
una sonrisa fría como el hielo;

cuando en el marco gris de tu ventana
lánguida apoyas tu cabeza rubia,
y miras con tristeza en la cercana
calle, rodar las gotas de la lluvia;

dime: cuando en la noche te despiertas
y hundes el codo en la almohada y lloras,
y abres entre las sombras las inciertas
pupilas, como el sol abrasadoras;

¿en qué piensas? ¿en qué? ¡Pobre ángel mío!
¿Piensas en nuestro amor despedazado
del torrente que salta desbordado?
ya, como el junco al ímpetu bravío.

¿Piensas, tal vez, en las azules tardes
en que a la luz de tu mirada ardiente,
mis ojos indecisos y cobardes
posáronse en el mármol de tu frente?

¿O piensas en la hojosa enredadera
bajo la cual un tiempo te veía
peinar tu ensortijada cabellera,
al abrirse los párpados del día?

¡Quién sabe!.. No lo sé, pero imagino
que en esas horas de aparente calma,
percibes mucha sombra en tu camino,
¡sientes muchas tristezas en tu alma!

Mas... otro amante extinguirá tu frío;
yo sé que tu pesar no será eterno;
mañana vivirás en pleno estío...
y yo, con mi dolor... ¡en pleno invierno!

Julio Flórez -Madrigal

sol de atardecer mar
¿Me quieres?.. ¡Que tu acento me lo diga
ante aquel sol que muere en el ocaso!
Tú que mitigas mi pesar... !mitiga
esta fiebre voraz en que me abrazo!

Tembló su labio y balbució: ¡Lo juro!

Sus tachonadas puertas entreabría
la muda noche en la extensión vacía:
y en mi espíritu lóbrego y oscuro...
en aquel mismo instante amanecía.

Julio Flórez -Tus ojos

ojos bellos de mujer
Ojos indefinibles, ojos grandes,
como el cielo y el mar hondos y puros,
ojos como las selvas de los Andes:
misteriosos, fantásticos y oscuros.

Ojos en cuyas místicas ojeras
se ve el rastro de incógnitos pesares,
cual se ve en la aridez de las riberas
la huella de las ondas de los mares.

Miradme con amor, eternamente,
ojos de meláncolicas pupilas,
ojos que asemejáis, bajo su frente,
pozos de aguas profundas y tranquilas.

Miradme con amor, ojos divinos
que adornáis como soles su cabeza,
y, encima de sus labios purpurinos,
parecéis dos abismos de tristeza.

Miradme con amor fúlgidos ojos,
y cuando muera yo, que os amo tanto,
verted, sobre mis lívidos despojos,
el dulce manantial de vuestro llanto.