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Poema - Yo pagaré con lágrimas la risa de Lope de Vega

Yo pagaré con lágrimas la risa
que tuve en la verdura de mis años,
pues con tan declarados desengaños
el tiempo, Elisio, de mi error me avisa.

«Hasta la muerte» en la corteza lisa
de un olmo, a quien dio el Tajo eternos baños,
escribí un tiempo, amando los engaños
que mi temor con pies de nieve pisa.

Mas, ¿qué fuera de mí, si me pidiera
esta cédula Dios, y la cobrara,
y el olmo entonces el testigo fuera?

Pero yo con el llanto de mi cara
haré crecer el Tajo de manera
que sólo quede mi vergüenza clara.

Poema - Bajaba con sus cándidas ovejas de Lope de Vega

De Raquel y Jacob


Bajaba con sus cándidas ovejas
por el valle de Aram Raquel hermosa,
el oro puro y la purpúrea rosa
mezclando las mejillas y guedejas.

ellas lamiendo a la canal las tejas,
y ella mirando el pozo cuidadosa,
anticipóse a levantar la losa
el que fue mayorazgo por lentejas.

Bebió el ganado caluroso, y luego
diola beso de paz, y por despojos
lágrimas que lloró perdido y ciego.

Muy tierno sois, Jacob ¿Tan presto enojos?
Sí, que en llegando al corazón el fuego,
lo que tiene de humor sale a los ojos.

Poema - Si quise, si adoré, ¡qué error terrible!

Si quise, si adoré, ¡qué error terrible!,
hermosura mortal, ¿cómo ignoraba
la tuya celestial, pues me enseñaba
lo invisible, Señor, por lo visible?

Tu gloria, eterno Dios, incorruptible,
cuando ídolos humanos fabricaba,
como gentil y bárbaro trocaba
en imagen del hombre corruptible.

¡Ay, Dios, y cuán escuro que tenía
entonces mi turbado entendimiento,
sin ver la luz en la mitad del día!

¿Qué excusa te dará mi entendimiento?
Pero con tu piedad la más tardía
halla en tu pecho dulce acogimiento.

Poema - Dulce Señor, mis vanos pensamientos de Lope de Vega

Dulce Señor, mis vanos pensamientos
fundados en el viento me acometen,
pero por más que mi quietud inquieten
no podrán derribar tus fundamentos.

No porque de mi parte mis intentos
seguridad alguna me prometen
para que mi flaqueza no sujeten,
ligera más que los mudables vientos.

Mas porque si a mi voz, Señor, se inclina
tu defensa y piedad, ¿qué humana guerra
contra lo que Tú amparas será fuerte?

Ponme a la sombra de tu cruz divina,
y vengan contra mí fuego, aire, tierra,
mar, yerro, engaño, envidia, infierno y muerte.

Poema - ¡Qué bien se echa de ver, divino Diego de Lope de Vega

A San Diego de Alcalá


¡Qué bien se echa de ver, divino Diego,
que en Alcalá estudiastes teología,
pues tan divina Cátedra se os fía,
desde a donde enseñáis letras de fuego!

¿Mas cómo sois tan sabio, si sois lego,
pues dos maestros disputando un día,
de tantos argumentos la porfía
controvertida resolvistes luego?

Teólogo salistes admirable
de un libro, cuyas hojas milagrosas
hacen que un alma en todas ciencias hable.

Y entre las que sabéis maravillosas,
mirad si sois filósofo notable,
pues hacéis entender que el pan es rosas.

Poema - ¡Oh vida de mi vida, Cristo santo! de Lope de Vega

Cristo Crucificado
A Cristo en la Cruz


¡Oh vida de mi vida, Cristo santo!
¿adónde voy de tu hermosura huyendo?
¿Cómo es posible que tu rostro ofendo
que me mira bañado en sangre y llanto?

A mí mismo me doy confuso espanto
de ver que me conozco y no me enmiendo;
ya el Ángel de mi guarda está diciendo
que me avergüence de ofenderte tanto.

Detén con esas manos los perdidos
pasos, mi dulce amor; ¿mas de qué suerte
las pide quien las clava con la suyas?

¡Ay Dios!, ¿adónde estaban mis sentidos,
que las espaldas pude yo volverte,
mirando en una cruz por mí las tuyas?

Poema - ¡Oh engaño de los hombres, vida breve de Lope de Vega

¡Oh engaño de los hombres, vida breve,
loca ambición al aire vago asida!,
pues el que más se acerca a la partida,
más confiado de quedar se atreve.

¡Oh, flor al hielo, oh rama al viento leve,
lejos del tronco!, si en llamarte vida
tú misma estás diciendo, que eres ida,
¿qué vanidad tu pensamiento mueve?

Dos partes tu mortal sujeto encierra:
una, que te derriba al bajo suelo,
y otra, que de la tierra te destierra.

Tú juzga de las dos el mejor celo:
si el cuerpo quiere ser tierra en la tierra,
el alma quiere ser cielo en el cielo.

Poema - ¿Quién es aquel Atleta esclarecido de Lope de Vega

A San Pedro, mártir


¿Quién es aquel Atleta esclarecido,
que sale de la bélica palestra
con tres coronas en la mano diestra,
y el manto negro en púrpura teñido?

Si vence y triunfa, ¿cómo viene herido?
Si viene herido, ¿cómo el triunfo muestra?
Que es nueva imagen a la vista nuestra
laurel sangriento y vencedor vencido.

¡Oh solo peregrino de Verona!,
¿negras y blancas armas, sangre y palma
no muestran que es de Pedro la persona?

Si sangre, si laurel te tuvo en calma,
así reparten lo que Dios corona:
las heridas al cuerpo, el triunfo al alma.

Poema - Cuelgan racimos de ángeles, que enrizan de Lope de Vega

A la Decensión de Nuestra Señora


Cuelgan racimos de ángeles, que enrizan
la pluma al sol en arcos soberanos,
humillan nubes promontorios canos,
y de aljófar la tierra fertilizan.

Desde el cielo a Toledo se entapizan
los aires de celestes cortesanos
con lirios y azucenas en las manos,
que la dorada senda aromatizan.

Baja la Virgen, que bajó del cielo
al mismo Dios; pero si a Dios María,
hoy a María de Ilefonso el celo.

Y como en pan angélico asistía
Dios en su iglesia, el cielo vio que el suelo
ventaja por entonces le tenía.

Poema - Si de piel asperísima vestido de Lope de Vega

San Francisco de Asis
Al Seráfico Padre San Francisco


Si de piel asperísima vestido,
el cabello revuelto y erizado,
al gran Bautista en el Jordán sagrado,
si es Cristo, le preguntan, prometido.

A vos, aunque también con piel ceñido,
pero en manos, costado y pies llagado,
en Cristo por amores transformado,
y a Cristo en cuerpo sangre y parecido,

¿cómo os llamara, si Israel os viera?.
Y porque la humildad vuestra se arguya,
¿qué dijérades vos, después de visto?

¿Quién duda que Francisco respondiera:
«No soy yo Cristo, soy estampa suya,
ni vivo como yo: vive en mí Cristo?»

Poema - Caiga el hermoso como cedro y palma de Lope de Vega

Caiga el hermoso como cedro y palma,
caiga el Querub, que fue su nacimiento
con el aurora, y tuvo atrevimiento
donde todo poder se humilla y calma.

Caiga, perdiendo la vitoria y palma,
del monte del excelso Testamento,
y suba la humildad al mismo asiento,
a vos, Francisco humilde, en cuerpo y alma.

Si al crucifijo Serafín divino,
volvéis los rayos, sois espejo claro
tan parecido, cuando en vos se mira,

que ya sois serafín, y al justo vino,
subiendo a ser del que cayó reparo,
ángel no es mucho, mas llagado admira.

Poema - Descalzo el pie sobre la arena ardiente de Lope de Vega

Descalzo el pie sobre la arena ardiente,
ceñida la cabeza de espadañas,
con una caña entre las verdes cañas,
que al Tajo adornan la famosa frente,

tiende sobre el cristal de su corriente
su cuerda el pescador, y por hazañas
tiene el sufrir que el sol por las montañas
se derribe a las aguas de occidente.

Sale a su cebo el pez en tal distancia,
mas, ¡oh gran pescador Cristo, ceñido
de espinas, que, en la caña de tu afrenta,

sacas del mar del mundo mi ignorancia,
el pie en la cruz, ribera de mi olvido,
para que el cebo de tu sangre sienta!

Poema - Los que fuera del curso y armonía de Lope de Vega

la Resurreccion del Senor
A la Resurrección


Los que fuera del curso y armonía,
que con ley inmortal gobierna el suelo,
vistes el sol entristecer el cielo,
y suceder la noche al medio día

los que vistes con triste melodía
llorar las piedras y romperse el velo,
morir la vida y convertirse en hielo
a la luz del mundo, que en sí misma ardía,

mirad el Sol que la prisión levanta
al luminoso cuerpo soberano;
mirad la Vida que a la muerte espanta.

Pues con los rayos de su eterna mano
renueva de su templo el alma santa
el cinco veces roto velo humano.

Poema - En señal de la paz que Dios hacía de Lope de Vega

En señal de la paz que Dios hacía
con el hombre, templando sus rigores,
los cielos dividió con tres colores
el arco hermoso que a la tierra envía

lo rojo señalaba el alegría,
lo verde paz y lo dorado amores;
secó las aguas, y esmaltaron flores
el pardo limo que su faz cubría,

Vos sois en esa cruz, Cordero tierno,
arco de sangre y paz que satisfizo
los enojos del padre sempiterno;

vos sois, mi buen Jesús quien los deshizo;
ya no teman los hombres el infierno,
pues sois el arco que las paces hizo.

Poema - Si de la sombra de tu cuerpo santo de Lope de Vega

Si de la sombra de tu cuerpo santo
puesto en la cruz un bárbaro homicida
recibe luz para pedirte vida,
y vida eterna por tan breve llanto;

si la divina fimbria de tu manto
salud concede a quien la tiene asida,
más es tenerte en celestial comida.
¡Dichosa el alma que merece tanto!

No sombra de tu cuerpo, o fimbria tuya,
sino tu cuerpo mismo, ¿cuál efeto
hará en el alma que a tu mesa llega?

¡Qué reino pedirá? ¿Qué salud suya,
que tú la niegues, si con dulce efeto
tan cerca te ama, abraza, goza y ruega?

Poema - Llorar cuando nací señal fue cierta de Lope de Vega

Llorar cuando nací señal fue cierta
de la miseria del vivir futuro,
¿pues qué será de la vida que procuro,
si lágrimas le aguardan a la puerta?

Incierto el cuando, aunque la muerte cierta,
¿cómo a tantos peligros me aventuro?
¿Qué tiene el alma por defensa y muro,
aunque de terrapleno está cubierta

Oh, pues, vida, llorad; llorar conviene,
que no reír, pues si reír pretendo,
no es el efeto que esta causa tiene.

Proporcionad el medio, porque entiendo
que, si reís, impropiamente viene
nacer llorando con vivir riendo

Poema - ¡Oh quién muriera por tu amor, ardiendo de Lope de Vega

¡Oh quién muriera por tu amor, ardiendo
en vivas llamas, dulce Jesús mío,
y que las aumentara aquel rocío
que viene de los ojos procediendo!

¡Oh quien se hiciera un Etna despidiendo
vivas centellas deste centro frío,
o fuera de su sangre el hierro impío
de un africano bárbaro cubriendo!

Este deseo, que a morir se atreve,
recibe Tú, pues la ocasión venida,
bien sabes que no fuera intento aleve

¿Y qué mucho que amor la muerte pida?
Pues no era muerte, sino puente breve
que me pasara a ti, mi eterna vida

Poema - ¡Con qué artificio tan divino sales de Lope de Vega

Rosa celestial
A una rosa

¡Con qué artificio tan divino sales
de esa camisa de esmeralda fina,
oh rosa celestial alejandrina,
coronada de granos orientales!

Ya en rubíes te enciendes, ya en corales,
ya tu color a púrpura se inclina,
sentada en esa basa peregrina
que forman cinco puntas desiguales.

Bien haya tu divino autor, pues mueves
a su contemplación el pensamiento,
a aun a pensar en nuestros años breves.

Así la verde edad se esparce al viento,
y así las esperanzas son aleves
que tienen en la tierra el fundamento.

Poema - ¿Oh quién te amara, dulce vida mía de Lope de Vega

¡Oh quién te amara, dulce vida mía,
como mereces tú que yo te amara!.
Pero infinito amor, ¿donde se hallara,
que a tu infinito ser correspondía?

Amemos, alma, amemos a porfía,
con infinito amor, con fe tan rara,
que de él saldrá el amor, pues en él para,
y nunca ha dado por Raquel a Lía.

¿Por qué te olvido yo, si tu amor muere
de amor por mí, si tú me das la vida?
¿Qué tiempo es bien, que para amarse espere?

¿Mas quién habrá que la distancia mida,
pues nadie como tú tanto me quiere,
y nadie como yo tanto te olvida?

Poema - ¿Quién no se muere de tu amor si mira de Lope de Vega

¿Quién no se muere de tu amor si mira
con la piedad que escuchas y respondes?
¿Cómo es posible que las puertas rondes
de un alma, que te trata con mentira?

Mas eres Dios, Señor, ¿de qué me admira
el mirar que ofendido no te escondes?
A quien te quiere y ama correspondes,
y con quien te ofendió, templas la ira.

Cuando consideré mi desvarío,
temblaba yo tus iras y desdenes,
y hallé tu pecho fácil, tierno y pío.

¡Qué condición tan generosa tienes!
¿Quién es ingrato con tu amor, Dios mío,
pues apenas te llaman, cuando vienes?