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A una muchacha de formados

Umar Ibn Abí Rabí'a (m. hacia 720 d. C. )

A una muchacha de formados senos
invité a tenderse, sin cojín sobre la arena del desierto.
Así lo haré, aunque no sea mi costumbre.
Y cuando iba a despuntar la aurora me dijo:
Me has deshonrado, ahora vete si quieres, o sigue
si así lo prefieres. Pero no hice sino sorber sus encías
y entre charlas, besarla en la boca.
Me llené de toda ella.
Me envolví en su vestido de seda
y a mis ojos dije: Llorad ahora.
Entonces ella se levantó
para borrar con su manto las huellas
y buscar las perlas del collar desparramadas.

La madre del prisionero - Abu Firas Al-Hamdani

Poema de Abu Firas Al-Hamdani...
circa 968 d. C.

La madre del prisionero

Cúbrate la lluvia, madre del prisionero cuya suerte
aborreces.
Él está turbado, no se pone en pie ni camina.
¿A quien llevar la buena nueva del rescate?
¿A quien cuidar, que cabellos sobre la frente arreglar,
si tu hijo anda por tierra y mar?
¿Quién le protejerá, quién le llamará por su nombre?
Los ojos ya no hallarán la paz de noche;
abyecto sería mostrarse alegre
habiendo tú degustado la muerte y el infortunio sin
hijo ni compañero.
El amado de tu corazón desapareció de aquel lugar
en que presentes estaban los ángeles del cielo.

Lloren por tí aquellos días en que, paciente, ayunabas
al sol abrasador del mediodía.

Lloren por tí aquellas noches que en pie pasaste
hasta despuntar la luz de la aurora.

Lloren por tí aquellos oprimidos, de tantos temidos,
a quienes tú acogiste cuando no hallaban protector.

Lloren por tí aquellos pobres indigentes a los que
socorriste
cuando no se tenían en pie,

Cuantas largas, incomparables penas pasaron por tí.
Cuantos secretos por tu corazón pasaron sin revelarse jamás.
Cuantas veces te daban albricias que acercaban el plazo
de mi llegada.

¿A quien me lamentaré, a quién suplicaré mi liberación
si tengo el pecho encogido de dolor?
¿Qué mujer rezará ahora por mí, a la luz de que rostro
me iluminaré,
quién alejará de mí el destino implacable?

¿Quién me ayudará a sobrepasar tan ardua situación?

Mi único consuelo es que, en breve, al más allá donde te allás
ire yo a parar.

Mu‘allaqa - Tarafa

Tarafa
(m. 569 d.C.)

Mu’allaqa


No acampo en los altos por miedo.
Auxilio cuando se solicita mi auxilio.

No dejo de saciarme en vino y placeres,
de vender y gastar los bienes transmitidos y adquiridos
hasta evitarme toda la tribu como a camello embreado.
Y tú, que censuras que asista a la guerra y a los placeres me
entregue,
¿puedes tú hacerme inmortal? Si no puedes evitar mi muerte,
dejame abordarla con lo que poseo.

Si el hombre lograra algún dia burlar la muerte,
por vida suya, que eso sería como soltar una amarra
asida por ambos cabos.
Yo soy el hombre enjuto que conocéis,
agudo como flamante cabeza de serpiente.

Al-Jansa (hacia 575-644 d.C.) - Sajr

mujer que llora
Me desvela el recuerdo cuando anochezco
y amanezco descompuesta por lo violento del dolor,
por Sajr - y otro joven como él-;
qué día de calamidad, de gualdrapa alanceada,
y que enemigo mortal cuando atacaba
para hacer valer a un agraviado su derecho.
¡Nunca vi entre los genios calamidad como la suya!
¡Nunca vi entre los hombres calamidad semejante!
Ni hombre más enérgico al hacer frente
a los azares del destino,
ni más noble y directo en los asuntos graves.
¡Cuántos huéspedes llamaban a su puerta y pedían asilo,
con el corazón erizado por el menor murmullo!
¡Qué noble y de fiar era! La noche caía sobre él
y lo encontraba libre de preocupaciones.
La salida del sol me recuerda a Sajr,
y lo tengo en mis labios a cada puesta,
y de no ser por la multitud que a mi alrededor
llora por sus hermanos, me daría muerte sin vacilar.
Pero sigoviendo a una madre que ha perdido a su hijo,
que llora y se lamenta a gritos por el día aciago,
la veo, desesperada, sollozando por su hermano
la tarde de su desgracia o anteayer,
no lloran a nadie como mi hermano, pero yo,
por el mío, me consuelo a mí misma al dar el pésame.
No, por Dios, no te he de olvidar,
hasta que me aparte de mi sangre y se cave mi tumba,
porque el día que me separé de Sajr dije adiós,
a la más hermosa de las criaturas,
mi delicia y mi solaz.
¡Pobre de él y pobre de mi madre!
¡¿Va a estar en su sepulcro noche y día?!

Al-Walid Ibn Yazid (m. 744 d. C.) - Diálogo

duraznero y el ave
Poema dedicado a su prima y esposa, Salmà,
que murió siendo aún joven.

Diálogo

Un día me dijeron que Salmà había salido a rezar.
Un gracioso pájaro miraba desde la rama
y le pregunté: "¿Quién conoce a Salmà?".
"Yo", y se echó a volar.
"Acércate a mí."
"Aquí estoy", y bajó.
"¿Has visto a Salmà?"
"Sí", y huyó.
Me hirió en lo más íntimo del corazón
y voló.

Abu Nuwas (747 / 768-814 d.C.) - ¿Me amas?

oasis
Cuando vi a aquel hermoso joven
él reía con ganas.
Estábamos los dos solos, en fin,
solos con Dios. Y sin embargo
él puso su mano en la mía
y me habló largo rato;
después me dijo: "¿me amas?".
"Si, más allá del amor.
"Y por tanto -dijo-, "¿me deseas?"
"Todo en ti es deseable."
"Teme entonces a Dios y olvídame."
"Si mi corazón quisiera obedecerme. . ."