Soneto: XXXIV TEMPLO DE CARNE

Miguel de Unamuno


Tu pecho, de esplendor dórico-jónico,
tiene en el corazón el relicario
en que guardas las hojas del breviario
del rezo lento del amor canónico.

Lleva tu cara de perfil armónico
cual lámparas tus ojos del sagrario
y tu boca, de corte lapidario,
una sonrisa de vigor irónico.

Se santigua mi carne si contemplo
de tu sagrada carne el edificio;
de la virtud carnal eres ejemplo;

es tu vida un alegre sacrificio
y tu cuerpo de Santa Venus templo
donde carece de sentido el vicio.