Poema - 82 - de Heinrich Heine

- 82 -

Salamanca, en tus afueras
es el aire puro y fresco;
allí, en las tardes de estío,
con mi dama me paseo.
Su deliciosa cintura
con brazo atrevido estrecho;
y mi diestra feliz siente
el palpitar de sus pechos.
Pero suena en la arboleda
murmurio vago y siniestro;
ronco molino repite
fatales presentimientos.
¡Mal presagio, hermosa mía!
Próximo miro el encierro:
afueras de Salamanca,
dieron fin nuestros paseos.