Soneto: LXXV CIVILITAS

Miguel de Unamuno

Heródoto III, 80.
El pensamiento inicial es de Quevedo.

La envidia de morder nunca se sacia
pues no come; por eso es que no engorda,
y á la pobre alma á la que sola aborda
de puro soledad la pone lacia.

Mas si su hiel en muchedumbre vacía
de gratitud al llamamiento sorda
suele dejarla y la convierte en horda,
que ella es la madre de la democracia.

Fué su hijo Caín el que erigiera
primero la ciudad en que sustento
buscan los lacios, pues la envidia era

es y será el más fírme cimiento
de la hermandad civil, y ley primera;
del crimen fundador el testamento!