Apéndice al «Intermezzo lírico» de Heine

Apéndice al «Intermezzo lírico»


- 1 -

Puras, doradas, fúlgidas estrellas,
saludad gratas a mi dueño cruel;
decidle que soy siempre, luces bellas,
tierno y sumiso, desgraciado y fiel.

- 2 -

Encadéname en tus brazos,
mujer, estréchame más;
aprieta bien tus abrazos,
y anuda tanto esos lazos,
que no se rompan jamás.
¡Así! ¡logré mi ambición!
Ya ceñido, corazón,
por la más bella serpiente,
gozarás perpetuamente
las dichas de Laocón.

- 3 -

Aunque me lo diga el cura,
no creo en el cielo, no;
creo en tus radiantes ojos,
que mi único cielo son.
Aunque me lo diga el cura,
no creo en Dios padre, no;
en tu corazón yo creo,
tu corazón, que es mi Dios.
No creo, no, en el infierno;
solamente creo yo
en tus bellísimos ojos
y en tu infame corazón.

- 4 -

Eterna y dulce memoria
me roba sosiego y calma,
recuerdo -¡dicha ilusoria!-
que en breves días de gloria
fuiste mía en cuerpo y alma.
Aún tu cuerpo palpitante
tan mórbido y arrogante,
estrechara, de amor loco;
el alma me importa poco;
alma, tengo yo bastante.
Partirla quisiera, si,
y en abrazo sin igual
la mitad dártela a ti;
y de cuerpo y alma, así
fuera el conjunto cabal.

- 5 -

Oí elogiar por igual
tres cosas de gran valor;
la piedra filosofal
y la amistad y el amor.
Ansioso tras ellas fui;
pero, ¿existen?; no lo sé.
He de deciros, de mí,
que jamás las encontré.