Poema - 66 - de Heinrich Heine

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Diéronme con insistencia
consejos -¡aún los escucho!-
y con gran benevolencia
inculcáronme paciencia:
¡oh, me protegieron mucho!

Mas, protegiéndome así,
en la tumba dan conmigo,
si al verme cerca de allí,
un valiente, un buen amigo,
no se interesa por mí.

El me sostuvo y salvó;
jamás habré de olvidarlo:
una cosa me afligió;
no poder nunca abrazarlo,
porque ese amigo... era yo.