Poema: Crepúsculo de Heinrich Heine

Crepúsculo

A solas voy pensativo
por la playa triste y húmeda;
el cárdeno sol poniente
rojos destellos fulgura.
Ruedan olas espumosas
que escondida fuerza impulsa,
y a mis plantas avanzando,
trémulo canto preludian.
Misteriosas voces fingen
que en el corazón retumban,
silbidos, risas, sollozos,
suspiros, llantos y súplicas;
y brota de su armonía
embelesadora música,
cual las plácidas canciones
que columpiaron mi cuna,
cual los olvidados cuentos,
cual las leyendas confusas,
que aprendí, niño inocente,
a la luz de ocaso turbia,
cuando del umbral paterno
sentado en las piedras duras,
a otros niños escuchaba
con la boca abierta y muda,
los ojos fijos y absortos
y el alma llena de angustia;
mientras las niñas mayores,
vírgenes bellas y puras,
formando un grupo de rosas
con sus cabecitas rubias,
entre los tiestos de flores
que la ventana perfuman,
brillaban y sonreían
al resplandor de la luna.