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Su sitio fiel de Juan Ramón Jiménez

Juan Ramon Jimenez


SU SITIO FIEL


Las nubes y los árboles se funden
y el sol les trasparenta su honda paz.
Tan grande es la armonía del abrazo,
que la quiere gozar también el mar,
el mar que está tan lejos, que se acerca,
que ya se oye latir, que huele ya.

El cerco universal se va apretando,
y ya en toda la hora azul no hay más
que la nube, que el árbol, que la ola,
síntesis de la gloria cenital.
El fin está en el centro. Y se ha sentado
aquí, su sitio fiel, la eternidad.

Para eso hemos venido. (Cae todo
lo otro, que era luz provisional.)
Y todos los destinos aquí salen,
aquí entran, aquí suben, aquí están.
Tiene el alma un descanso de caminos
que han llegado a su único final.

Poema: Trascielo del cielo azul

Juan Ramon Jimenez


TRASCIELO DEL CIELO AZUL


¡Qué miedo el azul del cielo!
¡Negro!
¡Negro de día en agosto!
¡Qué miedo!

¡Qué espanto en la siesta ardiente!
¡Negro!
¡Negro en las rosas y el río!
¡Qué miedo!

¡Negro con sol en mi tierra
(¡negro!)
sobre las paredes blancas!
¡Qué miedo!

Poema Un clima de Juan Ramón Jiménez

Juan Ramon Jimenez


UN CLIMA


Está el cielo tan bello,
que parece la tierra.
(Dan ganas de volver
los pies y la cabeza.)

Verde verderol de Juan Ramón Jiménez

Juan Ramon Jimenez


VERDE VERDEROL


Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

Palacio de encanto,
el pinar tardío
arrulla con llanto
la huida del río.
Allí el nido umbrío
tiene el verderol.

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

La última brisa
es suspiradora,
el sol rojo irisa
al pino que llora.
¡Vaga y lenta hora
nuestra, verderol!

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

Soledad y calma,
silencio y grandeza.
La choza del alma
se recoje y reza.
De pronto ¡belleza!
canta el verderol.

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

Su canto enajena
(¿se ha parado el viento?)
el campo se llena
de su sentimiento.
Malva es el lamento,
verde el verderol.

Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

Poema Vivo o muerto de Juan Ramón Jiménez

VIVO Y MUERTO


Tierra, tierra, tierra, tierra.
Y ahora yo, yo, yo, yo.
¡Cielo puro, día libre,
sostenedme en mi ilusión!

Poema Ya la tú de Juan Ramón Jiménez

Juan Ramon Jimenez


YA LA TÚ


Ya viene la primavera.
¡Lo ha dicho la estrella!

La primavera sin mancha.
¡Lo ha dicho la agua!

Sin mancha y viva de gloria
¡Lo ha dicho la rosa!

De gloria, altura y pasión.
¡Lo ha dicho tu voz!

Yo me moriré de Juan Ramón Jiménez


Juan Ramon Jimenez


Yo me moriré


Yo me moriré, y la noche
triste, serena y callada,
dormirá el mundo a los rayos
de su luna solitaria.

Mi cuerpo estará amarillo,
y por la abierta ventana
entrará una brisa fresca
preguntando por mi alma.

No sé si habrá quien solloce
cerca de mi negra caja,
o quien me dé un largo beso
entre caricias y lágrimas.

Pero habrá estrellas y flores
y suspiros y fragancias,
y amor en las avenidas
a la sombra de las ramas.

Y sonará ese piano
como en esta noche plácida,
y no tendrá quien lo escuche
sollozando en la ventana.

Poema: Yo no soy yo de Juan Ramón Jimenez

Juan Ramon Jimenez


Yo no soy yo


Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.

Poema Zinc de Juan Ramón Jimenez

Juan Ramon Jimenez


ZINC




¡Qué hueco tan robado
el de este vano cielo
que nada al alma pone,
ni nada quita al cuerpo!

Juan Ramón Jiménez - Adolescencia

balcon de amor
En el balcón, un instante
nos quedamos los dos solos.
Desde la dulce mañana
de aquel día éramos novios.

-El paisaje soñoliento
dormía sus vagos tonos,
bajo el cielo gris y rosa
del crepúsculo de otoño-.

Le dije que iba a besarla;
bajó, serena, los ojos
y me ofreció sus mejillas,
como quien pierde un tesoro.

-Caían las hojas muertas,
en el jardín silencioso,
y en el aire erraba aún
un perfume de heliotropos-

No se atrevía a mirarme;
le dije que éramos novios,
...y las lágrimas rodaron
de sus ojos melancólicos.

Juan Ramón Jiménez - Recuerdos

Ibamos paseando por la orilla
solitaria del lago.
La tarde estaba hermosa;
el ígneo sol de mayo
sonriendo se moría,
una canción de luces suspirando.

Serenos nuestros ojos,
unidas nuestras manos,
vagábamos tranquilos,
dulcemente mirándonos.

Latía el parque, mudo;
es estasiaban las flores y los pájaros.

De pronto, ''Dí, me dijo,
''¿por qué el azul espacio,
por qué el cielo purísimo
se mancha al reflejarse
en la verdina lóbrega del lago?''.

Miré su frente blanca,
y la besé en los ojos, sollozando.

En la calma magnífica del parque
resonó el beso con un eco largo.
Un ruiseñor despierto,
lanzó un dulce quejido desgarrado.